El auto-juicio no es lo mismo que la toma de consciencia de nosotros mismos. El juicio es una actitud de superioridad, de condena desde el prejuicio. Está diseñado para crear una sensación de triunfo o poder sobre otro, incluso si ese “otro” es nuestro propio ser. Por lo tanto, se crea una división en la persona – lo que podríamos llamar una división en la personalidad – en la que el que juzga con dureza y el que es castigado pasa a habitar el mismo cuerpo. Tal es el poder de la imaginación humana, que puede tomar una posición de poder sobre uno mismo.
Esta separación o división entre el “yo” y “Mi” en un individuo ha llegado a ser aceptada en la sociedad actual como una forma normal, incluso ventajosa para motivar o mejorar uno mismo. Esto no es, ni mucho menos, cierto. Así como el castigo genera resentimiento y un sentimiento de inadecuación nefasto para la madurez del individuo, lo mismo ocurre con el auto-castigo.
Esta tradición de aplicar oscuridad para crear “luz” es totalmente destructiva, ha sido una forma de tortura desarrollada por los que querían dividir y controlar a los demás.
No se puede dividir y controlar a sí mismo, lo que es una ‘ruta-sendero’ directa a las emociones inferiores, como la tristeza, la desesperación, la depresión y la ansiedad. La cantidad de sufrimiento que genera la comparación de lo «que es» con lo que «debería ser» es incalculable.


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